lunes, 20 de julio de 2009

Sobre la ética en el diagnóstico de cancer

Caso presentado por el Dr. Daniel Levy


Nota del Editor Dr. Luis Allegro: El Dr. Levy presenta una caso en el que el diagnóstico es planteado en forma equivocada que no corresponde la realidad clínica del paciente.

Se trata de un paciente de 65 años que comienza con epigastralgia en marzo 2009 por la cual se lo estudió con GFC y el informe del mismo fue síndrome pilórico secundario, con un proceso infiltrativo de esofagitis de grado 2-3 y en el estómago se observó una lesión proliferativa compatible con atipia(linfoma). El informe de la biopsia fue: tejido fibroconectivo con esclerosis(biopsia 1), y tejido fibroadiposo con vasos congestivos e infiltrados inflamatorios (biopsia 2).

Con el diagnóstico presuntivo de cáncer gástrico se opera y en la cirugía se encuentra un tumor gástrico totalmente irresecable, por lo que se realiza yeyunostomia de alimentación. Se toman varias biopsias de epiplón mayor y peritoneo parietal. Mientras se recupera del acto quirúrgico, del Servicio de Cirugía consultan a oncología y se le explica a los familiares que se deben aguardar las biopsias quirúrgicas (de muestras obtenidas en el acto quirúrgico). Ante la demora nos apersonamos al Servicio de Anatomiza Patológica y nos informan que todas las biopsias fueron negativas para cáncer y azorados los patólogos se sorprenden de “cómo los familiares van a un Servicio de Oncología sin tener el diagnóstico certero. Finalmente el caso es presentado en Comité de Tumores donde se decide realizar otra gastroscopía y un nuevo estudio en Anatomía Patológica.

Sin Comentarios

Comentario de la Lic.Cristina B. Goñi Quintana, Psiconcóloga

No dañar

Vengo convocada a no sé qué, y esto me parece interesante. un pretexto. La Historia Clínica, algo que se hizo o no se hizo. En realidad es un pre-texto. Nos convocamos en este lugar para hablar de algo que no tiene palabras. Tiene un nombre y no sabemos que hacer con él. Y como en un Tiovivo sin fin damos vueltas alrededor de ese nombre con otro pretexto, hablar de ética, de…, pero no nombramos muerte, giramos pero no decimos nada.
Claro, nadie anticipa su propia muerte. ¿Qué podemos decir de la de otro? Pero en realidad es una telaraña, no queremos hablar. Luego en éste lugar tratamos de anudarnos ¿Como protección, en lo que está bien o está mal? Este es el lugar del miedo, tendríamos que hablar de daño, le ponemos el nombre muy bajito, muerte. Pero el tema es el daño, y todos aquí nos convencemos de que no queremos dañar. Y en nombre de la ciencia hacemos daño. Daño por el silencio.
La supuesta cura, la supuesta posibilidad. Y esto tiene que ver con nuestro miedo. Y el primum non nocere se convierte en una galimatías porque queremos emerger indemnes.
Curar es cuidar, no maltratar. El ensañamiento es maltrato. La ciencia lo llama posibilidad. El ser se aferra a la posibilidad. Aquí es dónde se pierde lo humano y entonces nos preguntamos qué hacemos aquí. Regreso al principio, es lo único interesante. Ahora creo, es el momento de diálogo. Digo, ¿Qué hacemos con el miedo y en nombre de Dios, qué pasa con el amor que lo transformamos en tortura? ¿Qué dicen? Porque la ciencia aquí lo complica todo, más del supuesto saber, y queda lo que hay que es nada. No nos tendría que convocar la conmiseración (no ser miserables) La misericordia, qué es lo que queremos para nosotros mismos.
Pero en el actuar el miedo paralizante, nos hace seguir adelante. Si estamos acá, ¿Por qué no nos detenemos?




domingo, 19 de julio de 2009

Sobre la ética del diagnóstico en psicopatología

Caso presentado por el Dr. Carlos H. Moretti

Justificar a ambos lados
Nota del editor Dr.Luis Allegro: El Dr. Carlos H. Moretti presenta el caso de una paciente que le fue enviada con el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer y que a medida que la fue estudiando descubrió que el diagnóstico
que se había efectuado había sido superficial y apresurado y que esto provoca confusión y desdibujamiento del verdadero cuadro clínico psiquiátrico.

El Dr. Moretti continúa refiriendo: "Cuando realizo la primera entrevista domiciliaria, percibo contratransferencialmente un ambiente en el cual predominan la preocupación y el desconcierto frente a los diagnósticos y tratamientos indicados. Ello me hace pensar nuevamente en una situación grave en la praxis de la medicina actual, donde predominan las siguientes características: 1) diagnósticos apresurados; 2) más de cinco especialistas sin coordinación clínica interdisciplinaria; 3) proliferación de técnicas modernas de diagnóstico (varias de ellas agresivas), 4) una “cuasi” ausencia de semiología clínica (entrevistas con el paciente de entre diez y quince minutos); y 5) oferta desmesurada de medicaciones.

Como conclusión, nos encontramos frente a una paciente de aprisionada en un diagnóstico que me hace pensar en una discriminación por la edad, donde se desdibuja la ética médica y confluye en una pérdida de sentido común, situación que impregna, paulatinamente distintos ámbitos de la sociedad actual. Esto lleva a una casi ausencia de la relación médico-paciente y su base empática fundamental de afectividad.


La primera entrevista fue ( el 14/6/03) en el domicilio de la hija. Estaban presentes una acompañante, los dos nietos, el yerno y la hija. La paciente estaba diagnosticada como un Alzheimer y asma psicológica. Existían antecedentes de infección urinaria y de una hernia hiatal incipiente.
En la primera entrevista la observé: confusa, desubicada en tiempo y espacio, excitada, por momentos agresiva, no reconocía la familia con precisión (me confundió con un sobrino). Durante la entrevista de un puro por habitación no pudiendo quedarse quieta.

Presentaba un aspecto general muy delgada (49 kilos), pálida, en continuo movimiento.

Su familia estaba constituida por: la hija, presente, de 55 años; un hijo varón, fallecido en un accidente de tren a los 19 (cuando la paciente tenía 46). Su esposo había fallecido a los 66 cuando la paciente tenía 60); era Odontólogo. Tiene dos nietos: un varón de 29 años y una mujer de 27.

Plan de tratamiento: 1) se efectuó una desmedicación paulatina, 2) se dispuso de una acompañante permanente y 3) se la trasladó a la casa una vez disminuidos los síntomas descriptos a partir de los 15 días de dicha entrevista. 4) Comienzo a verla en el consultorio con la acompañante o la hija, semanalmente. Se indica kinesiología: recuperación del esquema corporal, la postura y la marcha. 5) Intento incluir una médica geriatra clínica, lo que durante mucho tiempo es resistido por la familia. Aclaro que la paciente es asistida por un hospital privado de la comunidad.

Datos aportados por la acompañante en la entrevista en el consultorio

La conoce desde hace un año. No cocina ni realiza tareas hogareñas desde hace dos años. No maneja dinero. Agresiva. Por momentos deprimida. Inapetente. Desubicada en tiempo y espacio; quiere salir a caminar de noche. Cuando quiere encender el fuego para calentar lo hace encendiendo con un fósforo y un rollo de papel hecho con una hoja de diario. Hace dos meses, tuvo una infección urinaria de más de 100 000 colonias, cuando se acentúan todas estas características.
La acompañante está agotada, al borde de querer retirarse de la tarea, por la dificultad de manejarse con la paciente, además de los itinerarios a través de consultorios, de médicos clínicos, neumonólogos, gerontólogos, psiquiatras, etc.
Además de las medicaciones clínicas, la paciente se encuentra hipermedicada, con psicofármacos (ansiolíticos, antipsicóticos, antidepresivos, inductores al sueño, etc.).

Evolución

Desaparecen los síntomas confusionales, no es agresiva en las entrevistas, colaboradora, con características marcadamente depresivas y de insomnio, por lo cual es medicada.
Comienza a realizar caminatas con la acompañante, visitas a la casa de la hija, tareas en bicicleta fija marcadas por el kinesiólogo 20 minutos por día.

En octubre de 2003 se evidencian indicios claros de que no es una enfermedad de Alzheimer: se comienza con la estimulación a través de la escritura y dibujos. En ese momento se encuentra lúcida, ubicada en tiempo y espacio, coherente en su discurso, surge una minuciosa memoria de recuerdos que tiene desde la infancia hasta el presente.
Descubre que a pesar de que nunca dibujó, puede hacerlo, y le resulta muy agradable. Hasta ese momento, tiene una gran producción de dibujos realizados con marcadores, copiados de distintas revistas, libros, o bien imaginados por ella.
Llama la atención cómo espontáneamente surge el sentido de la perspectiva en sus trabajos. Me llaman la atención los relatos de la paciente, donde plantea que siempre hubiese querido dibujar rostros pero que no se anima porque piensa que no van a salirle. Otro elemento llamativo es que su “asma psicológica” al cabo de 30 segundos-1 minuto, una vez sentada en el sillón del consultorio, desaparece; frente a lo cual, por la dificultad de comunicación —telefónica o por escrito— con los médicos tratantes, le solicito una placa de tórax, frente y perfil, con sustancias de contraste para observar las condiciones de tránsito por la vía digestiva.

Cuando trae la placa (16/3/04), encuentro en ella la imagen de una enorme hernia hiatal, donde la cúpula del estómago ocupa casi los 2/3 de la cavidad pulmonar derecha.
Le envío este examen junto con una nota, donde solicito que sea tratada al respecto, al médico que la asiste por el momento. Inmediatamente comienza a ser medicada, y mejora su sintomatología respiratoria.

A partir de este momento, comienza a aumentar el nivel de sus dibujos. Y comienza a incluir, paulatinamente, trabajos con acuarelas. Simultáneamente, le planteo por qué no se anima a dibujar rostros; el nieto le presta un manual de modelos (porque había estudiado Bellas Artes) y, totalmente conmovida, comienza a descubrir cómo puede dibujar rostros aunque sean copiados con carbonilla (en el año 2005, a los 87). Desde entonces al presente, la calidad y el placer por dibujar y pintar continúan en aumento, recupera el sentido del humor (chispeante), asiste a cumpleaños y reuniones conmemorativas, etc.
A partir de julio de 2006, viene sistemáticamente una vez por mes. En esa época, la hija acepta a la médica geriatra que yo propuse, que la atiende hasta el final.
Aproximadamente desde comienzos de 2007, tenía problemas respiratorios recurrentes. El 21/6/07, cinco días antes de la entrevista habitual, la hija me avisa por teléfono que la médica geriatra internó a la paciente con una insuficiencia cardíaca grave, cianótica, con una marcada arritmia cardíaca con muy mal pronóstico.

Evolución posterior a la internación

El 3/7/07, me informa la hija que la madre ya está en la casa (de la hija), con internación clínica domiciliaria. Desde el 10/7 hasta el 18/9, la veo sistemáticamente en el domicilio; se queda definitivamente instalada en casa de la hija.
El 18/9, en la última entrevista, la paciente me recibe levantada, elegantemente vestida, sonriente y contenta porque está mejor, porque ya puede caminar, y ya empezó a insistir en que le compren más papeles “de los buenos”, grafitos, carbonilla y acuarelas nuevas porque se siente con fuerza para retomar la pintura.

El 23/01/08, la hija me informa por teléfono que la madre falleció inesperadamente en horas de la siesta, sin situaciones de padecimiento. Según la médica geriatra, era algo de esperar dado su desgastado cuadro general.

Conclusión: La experiencia muestra que hay discriminación en personas mayores de 70 años lo que provoca distanciamiento de las posibilidades terapéuticas reparatorias.

miércoles, 15 de julio de 2009

domingo, 12 de julio de 2009


Dr. Luis Allegro

Fundador y Presidente de Honor de la Sociedad de Ética en Medicina
de la
Asociación Médica Argentina

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